Se ha dicho mucho en estos últimos días respecto a las “armas de asalto” o los “rifles de asalto”. Surge una y otra vez la pregunta: ¿para qué precisa un ciudadano común una arma así?
Primeramente nos conviene establecer de qué hablamos cuando decimos “arma de asalto” y “rifle de asalto”. Los rifles de asalto se definen, según Wikipedia, así:
Un fusil de asalto (también llamado rifle de asalto) es un fusil diseñado para el combate, con capacidad de fuego selectivo (capaz de disparar tanto en modo totalmente automático como en modo semiautomático).
Es decir, que como la ametralladora (aunque no es lo mismo), el fusil o rifle de asalto se puede disparar continuamente con sólo mantener apretado el gatillo. Cuando se suelta el gatillo, deja de disparar.
Conste que armas de este estilo han sido severamente reguladas en los Estados Unidos, al nivel federal, desde el año 1934. Hoy en día se encuentran en manos de muy pocos, por lo general siendo la propiedad de colectores que han invertido mucho dinero y tiempo en comprarlas y cumplir los extensos requísitos de la ley en cuanto a ellas. Este tipo de arma no fue la usada en la tragedia en Connecticut–de hecho, armas automáticas registradas segun el acto de 1934 (hay unas 120,000 en manos de civiles) se han usado en sólo dos asesinatos desde entonces, uno de ellos por un policía.
Entonces, el rifle o fusil de asalto ya es esencialmente ilegal para civiles, y las leyes hoy propuestas no buscan controlarlas más. A cambio, dicen sus escritores que buscan controlar las “armas de asalto”. En este caso, lo que generalmente quieren decir es una arma que tiene algunos aspectos en común con los rifles de asalto, mas que funcionan de manera puramente semiautomática. En otras palabras, por fuera se ven como rifles de asalto, pero por dentro funcionan así: sólo disparan una bala cada vez que se apreta el gatillo, no importa cuanto tiempo se mentenga apretado. Por cada bala que se dispara, el operador de la arma tiene que tomar la decisión de dispararla.
Se discute mucho este término, “arma de asalto”. Entre nosotros que conocemos y somos dueños de este tipo de arma, se considera que llamarlas así sirve para confundirlas con los rifles de asalto arriba describidas, para que el público se asuste y quiera prohibirlas. También hace parecer que su propósito es para cometer asalto, no más. Para nosotros, no son “armas de asalto”. Son armas de defensa personal que también se usan para competencias de varios estilos, para la caza, y para recreación en familia y con amigos de confianza. De hecho, el Departamento de Seguridad Nacional recién solicitó 7,000 rifles de asalto–los que disparan varias balas mientras se apreta el gatillo–y los llamó “armas adecuadas para la defensa personal“.
Bueno, entonces capaz que “arma de asalto” no es un término apto. Ahora que sabemos de qué estamos hablando, y cómo se debe llamar, nos toca considerar la pregunta central de esta composición. ¿Para qué estas armas? La respuesta tiene dos argumentos centrales: que las personas tienen un derecho natural y constitucional a tenerlas, y porque en manos de civiles, tales armas sirven para varios propósitos legítimos. El primer argumento repasaremos brevemente, y el segundo más profundamente, aunque de verdad el caso para las “armas de asalto” está hecho ya con el primero.
El derecho natural de tener armas se derive de dos reconocidos derechos: la de vida, y la de propiedad. El derecho de vida–que tenemos el derecho de vivir sin que nadie nos lastime o nos mate–indica que, frente a tales ataques contra este derecho y contra nuestra persona, tenemos el derecho de defendernos. Este derecho se expresa cuando una mujer echa aerosol de pimienta en la cara de un violador, tanto como cuando los judíos de Varsovia, Polonia, tomaron las armas contra los nazis. Todos tenemos el derecho de vida, y también el derecho de defendernos. Encima tenemos el derecho de ser dueños de propiedad–tierra, casa, automóvil, televisor, y sí, también las armas, que se usan para proteger el derecho de vida. Así es que las personas tienen un derecho natural a estar armadas.
El derecho legal de estar armado se codificó en la Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, que dice:
Una milicia bien organizada, siendo necesaria para la seguridad de un estado libre, el derecho del pueblo de tener y portar armas, no será infringido.
Más adelante podemos hablar más de esta enmienda, mas por el momento nos basta reconocer unos cuantos aspectos de ella. Primero, en ningún lado dice que el derecho de tener y de portar armas “será dado”; antes bien, como se lee, la enmienda protege un derecho que ya existe–el derecho natural que antes tratamos. Segundo, no dice específicamente qué armas están protegidas, y no dice que ciertas armas pueden prohibirse; antes bien usa una palabra general, que es “armas”, y dice que el derecho de tenerlas está protegido. También veamos que el deporte o la caza u otras actividades para que se usan las armas, aunque sean legítimas y sus armas protegidas, no están mencionadas–la razón concretamente mencionada para que debamos mantener este derecho es porque “una milicia bien organizada” es “necesaria para la seguridad de un estado libre”. La milica era y todavia legalmente es el pueblo de los Estados Unidos. Finalmente, reconozcamos qué significa la palabra “infringir”. No tan solo quiere decir “violar por completo”, sino que significa “empezar a violar, aún por el borde“. La Segunda Enmienda nos protege, no tan solo de que nos quiten las armas por completo, sino de que nos empiecen a controlar en lo más mínimo repecto a ellas.
Ahora, el segundo argumento, que es que estas armas semiautomáticas sirven para varios propósitos legitimos. Entre éstos se encuentran el tirar a blanco, las competencias de armas, la caza, la defensa personal, y el mantener el equilibrio de poder entre el pueblo y el gobierno.
Que se usan para tirar a blanco puedo testificar yo. Lo he hecho. Es divertido, seguro, y tranquilo. La gran mayoria de las balas disparadas por civiles son disparadas hacia papel y latas, y siempre será así: en 2011, sólo 3.5% de los homicidios se cometieron con rifles, y las “armas de asalto” sólo son un tipo de rifle. Hay, por una estimación, 3,750,000 fusiles AR-15 en manos de civiles en los Estados Unidos, y esos son solo un tipo de “arma de asalto” que las leyes hoy propuestas buscan controlar. Obviamente nuestros conciudadanos que son dueños de tales armas no las están usando para mal–por ahí perdí las noticias, pero yo no supe de casi cuatro millones de asesinatos recientes. El controlar el AR-15 y armas parecidas serviría de castigo para tantos ciudadanos que no han cometido ningún crimen con ellas, y no es justo restringir los derechos de muchos para intentar prevenir los crímenes de poquísimos.
Las “armas de asalto” son muy populares también para ciertas categorías de competencia, entre ellas High Power Rifle, donde se dispara a larga distancia parado, sentado, y prono–esta categoria de competencia llega a su cima en Camp Perry, Ohio, una instalación de la Guardia Nacional del Ejército, donde civiles y militares compiten juntos.
Para la caza las armas iguales o parecidas a las militares se han usado con frequencia. El mismo mosquete que nuestros antepasados usaban para ahuyentar a poderes europeos también servían para adquirir carne para la mesa. Yo he usado un M-1 Garand, el fusil que los Estados Unidos usó en la Segunda Guerra Mundial, para cazar jabalí. Y hoy en día mucha gente, incluso veteranos, usan armas parecidas a las armas militares de hoy para la misma función: dar a comer a sus familias.
Dirán los que están en contra: Sí, se pueden usar para la caza o para la competencia o para pasar una tarde con los amigos en el campo–pero ¿no contribuyen también a masacres como la de Connecticut? Para la defensa personal, ¿no bastan armas menos alarmantes, que también cumplen los otros objetivos de entretenimiento y caza? Eso es lo que con frequencia se escucha de aquellos que quieren hacer ilegales o muy contraladas este tipo de arma.
Consideremos su propuesta. Estas armas son la mejor tecnología dispuesta para que un ciudadano se defiende, entre los otros usos que he mencionado. Son maymormente ligeras, faciles de aprender a usar, tienen poco retroceder, y ofrecen como capacidad (no capacidad alta sino estándar) unos veinte o treinta disparos. Tiran balas de calibre medianamente puequeña y relativamente débil, haciendo que sean mas seguras para usar en casa sin miedo de que penetren varias paredes y lastimen a la familia o a los vecinos.
A cambio, las escopetas de doble cañón y los rifles tradicionales de caza no son tan adecuadas para la defensa personal. Se usaban en un entonces y cuando no hay nada mejor disponible o en ciertas situaciones, hoy se siguen usando. También la espada, la piedra, y el palo se usaban y a veces se usan hoy para defenderse. Desafortunadamente, la tecnología empleada por los elementos criminales de este mundo se ha avanzado. Ya las piedras y los palos, y de algún grado las armas de fuego antiguas, ya no son tan eficaces, hablando relativamente, a los desafios de defensa personal que hoy se enfrentan. Encima, las armas de caza son muchas veces pesadas, tienen mucho retroceder, y ofrecen una capacidad limitada de disparos–aunque dos o tres tiros pueden ser suficientes, ninguna persona que sobrevivió un tiroteo con un asesino dijo después “¡ay, pero ojalá hubiera tenido menos balas yo!” Muchas veces tiran balas demasiado grandes para ser adecuadas para la defensa personal dentro de un vecindario poblado, ya que las armas de caza fueron diseñadas para usar en campo abierto y a larga distancia. Si mi vecino tiene que defenderse, que sea con una “arma de asalto”, pues con ella será menos probable que una bala pase por la pared y entre mi casa.
También hay situaciones no tan comunes como un robo, pero que sí a veces pasan y que pueden llegar a afectar a muchas personas a la vez. Hablo de los desastres naturales y los disturbios civiles. En 1992 en Los Angeles, hubo gran disturbio relacionado con el caso de Rodney King. Especialmente afectada fue el vecindario conocido como “Koreatown”. Pero en respuesta al creciente disturbio, los coreanos de ese lugar no se entregaron a lo inevitable, sino que tomaron las armas para defenderse y para defender sus negocios. Mientras la policía se negó a defender su vecindario, ellos sí lo hicieron, y eficazmente. En este caso, entre las armas usadas eran las supuestas “armas de asalto”. En tal situación, una arma con una capacidad estándar de veinte o treinta disparos sería útil para la defensa personal.
La última respuesta a la pregunta “¿para qué las armas de asalto?” es que sirven para mantener el equilbrio de poder entre la población civil y el gobierno, con sus fuerzas policiales y ejércitos. La historia está repleta de cuentos de gobiernos tiranizando su gente, rigiendo con fuerza militar a las poblaciones indefensas. La tiranía es resultado de varias circunstancias y corrientes, sí, pero un desequilibrio de fuerza contribuye a su eficacia. En Cuba, poco después de subir al poder, Fidel Castro pronunció el siguente discurso:
Yo les voy a hacer una pregunta: ¿Armas para qué? ¿Para luchar contra quién? ¿Contra el Gobierno Revolucionario, que tiene el apoyo de todo el pueblo? … ¿Armas para qué? ¿Hay dictadura aquí? ¿Van a pelear contra un gobierno libre, que respeta los derechos del pueblo? ¿Ahora que no hay censura, y que la prensa es enteramente libre, más libre de lo que ha sido nunca, y tiene además la seguridad de que lo seguirá siendo para siempre, sin que vuelva a haber censura aquí? ¿Hoy, que todo el pueblo puede reunirse libremente? ¿Hoy, que no hay torturas, ni presos políticos, ni asesinatos, ni terror? ¿Hoy que no hay más que alegría, que todos los líderes traidores han sido destituidos en los sindicatos, y que se va a convocar inmediatamente a elecciones en todos los sindicatos? Cuando todos los derechos del ciudadano han sido restablecidos, cuando se va a convocar a unas elecciones en el más breve plazo de tiempo posible, ¿armas, para qué? ¿Esconder armas, para qué? ¿Para chantajear al Presidente de la República? ¿Para amenazar aquí con quebrantar la paz? ¿Para crear organizaciones de gánsteres? ¿Es que vamos a volver al gansterismo? ¿Es que vamos a volver al tiroteo diario por las calles de la capital? ¿Armas, para qué?
…
Y si eso es así, si hay libertades, si hay un gobierno de hombres jóvenes y honrados, si el país está contento, si tiene confianza en ese gobierno y en los hombres que están mandando las fuerzas armadas, si va a haber unas elecciones, si las puertas están abiertas para todos, ¿por qué almacenar armas? Yo quiero que me digan si el pueblo lo que quiere es que haya paz, o lo que quiere es que en todas las esquinas haya un tipo armado con un fusil; yo quiero que me digan si el pueblo está de acuerdo o considera que es correcto que todo el que quiera aquí tenga un ejército particular, que no obedezca más que a su jefecito; si así puede haber orden y paz en la República.
…
Y esos son los problemas que hoy he querido plantear ante el pueblo. Lo antes posible tienen que marcharse los fusiles de las calles y desaparecer los fusiles de las calles. Porque ya no hay enemigo enfrente, porque ya no hay que pelear contra nadie; y si algún día hay que pelear contra un enemigo extraño o contra un movimiento que venga contra la Revolución, no pelearán cuatro gatos, peleará el pueblo entero. Donde las armas tienen que estar es en los cuarteles, que nadie tiene derecho a tener ejércitos particulares aquí.
Sus razones para que el pueblo fuera desarmado son muy parecidas a las que se proponen hoy día, y como hoy se pronunciaron entre aplausos. Decía que no era su intención buscar las armas entre el pueblo, sino cambiar el corazón de aquellos que las tenían, mas después se aprovechó de sistemas de registración de armas para quitarlas del pueblo. Desarmado, el pueblo que recién fue libertado de los excesos de Batista ahora ha sufrido bajo el mando opresivo del gobierno revolucionario desde entonces, sin que se cumplan las promesas de un país libre que hizo Castro en ese mismo discurso.
Es sólo un ejemplo, pero es importante que mantengamos las armas para que tales cosas no lleguen a pasar aquí. Muchos dicen que no pueden pasar aquí, que éste es un país libre, democrático y tranquilo. Pero no se paran a preguntar si es precisamente porque los civiles de los Estados Unidos están tan bien armados que nuestro gobierno gobierna con una mano relativamente ligera, mientras en muchos otros países americanos han regido gobiernos militares y opresivos. Yo pienso que ésa es parte de la razón por la cual no hemos sufrido los mismos pesares gubernamentales: el mantener las armas llamadas “de asalto” sirve para que siga ese equilibrio libertador del poder. Opinaron lo mismo los padres de nuestra patria cuando escribieron Federalista 46 y la Segunda Enmienda de la Constitución, entre muchas otras evidencias que existen de su apoyo para un pueblo armado que pudiera enfrentar a su propio gobierno. En otra ocasión las consideraremos más profundamente.
En conclusión, las “armas de asalto” no son ametralladoras, que ya están esencialmente prohibidas; antes bien disparan una vez cada vez que se apreta el gatillo. El nombre que se les ha puesto a fin de demonizarlas no es adecuado; sugiero que les digamos “rifles modernos”. Sirven varios propósitos legítimos, entre ellos el deporte, la caza, y la defensa personal. Hay millones de ellas en manos de civiles que las usan para bien, y todos tenemos un derecho tanto natural como legal de tenerlas en nuestras manos. Invito a toda persona que no conozca estas armas a conocerlas bajo buena instrucción y de manera segura, y así llegar a conocer mejor el derecho que Dios le dio y que los padres de nuestra patria sangraron para que tuviera. El hecho de que se va a divertir es sólo un benifico extra.